miércoles, 24 de diciembre de 2014

Capítulo 4

Después de ese lindo momento con Ana, me encontraba con todos en el living disfrutando de un helado frío y refrescante. Con Pedro no volvimos a hablar nada importante, solo tuvimos intercambios de palabras en forma normal en medio de una charla generalizada.
Eran más o menos las 23.30 de la noche y la tormenta cada vez era peor. Eso ya me ponia mal porque odiaba las tormentas y más cuando estoy en casas ajenas. Miraba el patio de esta grande casa por la ventana donde solamente veia las manchas de gotas de agua, hasta que sentí ese horrible olor a cigarrillo cerca de mi aunque no había nadie alrededor. Mire cuidadosamente hacia la cocina y sí, ahí estaba él. Apoyado contra la pared, mirando hacia la nada y concentrado, al lado de la ventana con una de sus partes abiertas así el olor se expandia. Odiaba ver esa imágen, odiaba que él fume pero no podía hacer nada, siempre lo hizo y al fin y al cabo era su vida. Siempre trate de que lo dejara pero nunca lo logre del todo, sí pude hacer que pase dos o a lo sumo tres días sin tocar uno pero claramente, el vicio fue más fuerte. Aunque tenía que admitir que un hombre fumando, mas siendo él, se veía hermoso. Estaba con las mangas de su camisa arremangadas y me podía completamente, mordi mi labio inferior en señal de que ya no aguantaba. No sabia que él se había dado de mi presencia y eso hizo que me sonrojara.
—¿No te cansas de espiarme? -mis mejillas estaban mas que enrojecidas y lo pudo notar. Mi cabeza estaba apoyada en el marco de la puerta y mi cuerpo casi no se venía por lo que decidí entrar por completo a la cocina.
—Perdon, tengo que decirle a mamá que me enseñe eso -dije con una sonrisa tierna, que demostraba cuanto lo quería.
—Apuesto que te enseñó -dijo para después llevar el cigarrillo a su boca y unos segundos luego, largar el humo. —Sí, ya se que no te gusta pero es mi casa -mientras me sonría y bajaba el cigarrillo hacia un costado de su cuerpo.
—Creo que ya te diste cuenta sin que ni siquiera te lo diga -lo miraba a los ojos fijamente.
—Es obvio, nunca te gustó esto para mi -mientras señalaba el cigarrillo y volvia a repetir la accion de unos segundos atras.
—Te hace mal Pedro -fue lo más sincero que le dije en toda la noche, mi mirada demostraba tristeza y claramente, mi voz no era la mejor. Odiaba el día que se le ocurrió fumar.
—Muchas cosas me hacen mal -dijo en todo sincero y a la vez, despreocupado. Lo miraste con una mirada de no entender, con una mezcla también de cara triste. —No me mires con esa cara de pobresita. Sabes que no sirve y desde que tengo recuerdos, tenemos esta charla -volvió a hablar con una pequeña sonrisa que brotaba de su boca.
—Por lo menos hice el intento -sonreí y lo pude ver dando la última pitada y al fin, terminarlo. Al parecer iba fumar otro ya que agarro la caja y saco el encendedor de su bolsillo pero lo interrumpí.
—Si queres te doy diez tabletas de chicles pero no fumes otro -el me miro fijamente, suspirando y dejando ver una cálida sonrisa, y a la vez apoyando nuevamente la cajita en la mesada.
—Esta bien, pero lo hago para que mamá no se queje por tanto humo en la cocina -sonreí por su comentario.
—Ella la debe pasar peor que yo -dije sincera.
—Igual estoy fumando menos, es el primero del día. Y entre los ultimos cuatro días, solo fume cinco en total -dijo con una cara orgullosa. Era un logro, para él y también para mi. Hubo momentos, como por ejemplo antes de que me vaya a Chile, en que Pedro alcazaba a fumar más de una caja por día. Y que ahora haya fumado un cigarrillo en todo el día, había que felicitarlo. Deseaba que deje ese horrible vicio. Estuvimos un par de minutos en silencio, pero tenía tantas preguntas en mi cabeza que ya no aguantaba. Lo veía tan indefenso, con la respiración tranquila y pausada. Decidí romper el silencio.
—¿Siempre va ser así nuestra relación? -pude notar que no entendió mi pregunta ya que levantó la ceja y miro hacia un costado, después abajo, tratando de encontrar las palabras correctas.
—Depende mi humor -rió. —Hoy estoy bien y la verdad que la pase bien, con vos -pensó e hizo una pausa. —Con tu familia, la mía, pasamos un lindo momento -trató de sonar seguro en sus palabras.
—Nunca tuvimos la posibilidad de hablar después de... -paraste y buscaste la palabra exacta. —Despues de... Lo que pasó.
—Paula, yo la verdad -suspiró —No quiero hablar de eso, si no trate de arreglar la situación antes, no lo voy a querer hacerlo ahora -sentiste como tu corazón se rompía lentamente mientras lograbas aceptar sus palabras. —No creo poder ser tu amigo, ni lograr hacer como si nada todo los días -hizo otra pausa. —Yo, solo voy a ser yo. Y todo lo que pasó, quedó siete meses atras, olvidado porque si me acuerdo de todo eso, es hacerme mal a mi mismo -miraste hacia abajo, haciendo un esfuerzo enorme para que tus lagrimas no salieran de tus ojos. Lo lograste aunque estos, quedaron empañados. Lo miraste y sentiste tanto amor, un amor desde tu corazón. Un amor sincero, que no se iba ir ni hoy, mañana ni en mucho tiempo. Siempre contradecí la frase "el verdadero amor perdona" y la corregia diciendo "el verdadero amor no traiciona" pero en ese momento, mirandolo a los ojos, entendí el mensaje. Somos seres humanos, cometemos errores y necesitaba que me perdone. Y que me vuelva amar, como en algún momento lo hizo. Lo necesitaba a él, solamente a él.

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