martes, 23 de diciembre de 2014

Capítulo 3

La mirada que nos dimos me ayudó a poder disfrutar de la noche, sentí nuevamente esa conexión. Esa electricidad que solamente él podía hacer en mi cuerpo. A penas entre y después de lo que ya saben, suspire y él se alejó de la escena tranquilamente, entrando en la cocina a acompañar a su mamá. Papa, mis hermanos y un parte mayoritaria de la familia de Pedro estaban sentados en el living, cuando estaba por entrar, pude escuchar a Sonia decir "—¿Y Pau vino?", a lo que papá asintió, estaba por hablar pero Horacio lo interrumpió diciendo.
—La vi en la entrada, saludando a Pedro ¡Anda saber si no hay reconciliación pronta!
—¡Por favor! -Delfina.
—Lo veo raro, Pedro es cabeza dura y lento, lento, lento -Carolina. Rei para mis adentros con su comentario. Hasta que una voz tan cerca de mi oído me asustó completamente. Sabía que era él, otra vez él. Estaba atrás mío, nuevamente sonriendo, como me podía, con una mirada fija en mis ojos y el pelo totalmente desordenado. No podía ni siquiera respirar ¿Por qué aparece así de la nada? ¿No tiene rencores? Tenía tantas preguntas. Quedé mirandolo a los ojos, tratando de encontrar alguna respuesta pero después de varios minutos, lo único que recibí fue un pequeña carcajada de su parte.
—¿Que pasa? ¿Te sigo dejando muda como en la primaria? -su voz era graciosa y no, no quería arruinar el momento con ninguna de las mil preguntas en mi mente. Podía notar su buen humor y aunque me sorprenda, ame eso. Tras sus palabras, me sonroje por lo que él volvió a reirse. —No se si te enseñaron pero escuchar detrás de las paredes está mal. -me dijo sonriendo dulcemente. Era demasiado tierno.
—Para tu información no estaba espiando, iba a entrar -clave una mirada fija en él.
—¡Claro Pau! -sí, me había dicho Pau. —Y vos no me engañaste en Chile -no podía creer lo que había dicho. Yo quedé con una mezcla de dolor en el pecho, mi cara roja y la boca abierta mientras él estaba dado vuelta riendose, pero riendose de verdad. Todavía no podía creer lo que había dicho. —¿Y esa cara? -podía ver como aguantaba su risa.
—¡Ay Pedro, no digas esas cosas! Me pone mal -el rió un poco menos y me asintió modulando un "okey" para después retirarse de aquel pasillo. Quede helada y me recoste contra la pared fría y de golpe, él de nuevo.
—Perdon, me olvide de algo. Ya estamos por comer por si no sabias que estas acá por eso ¿Venis? -extendiendome una mano y yo solamente mire fijamente sus ojos que eran alumbrados por la luna que sobrepasaba la ventana, aunque brillaban por si solos. Él se unió a mi mirada y así estuvimos largos minutos, hasta que de golpe, lluvia. Eso nos descoloco totalmente, por lo que Pedro se acaricio su nuca, volvió a mirarme y decir.
—Nuestra comida ya debe estar congelada -y en verdad, eso era lo que menos me importaba. Meses esperando este momento y aunque no sabia porque actuaba tan dulce conmigo, lo aproveche y lo quiero seguir aprovechando. No sé si esto va ser solo ahora o siempre pero necesitaba tenerlo así, cerca. Me hace bien.
—La verdad, no me importa aunque Ana se va enojar conmigo porque ni siquiera la salude -dije sonriendo tiernamente, cuando de repente escuchamos un " —¡No importa! Sigan, sigan" de quién en algún momento fue mi suegra. Pedro agacho la mirada mientras reia, después negó y me pidió perdón con la mirada.
—Ya sabes como es mamá, no cambia más -suspiró —¿Vamos? Tengo hambre -sonrió, esa sonrisa que me hacia tan bien. Lo mire mordiendome el labio en señal que él me daba ternura, me sonroje porque seguro se dio cuenta.
—Vamos, lo que menos quiero es que mueras de hambre -lo vi mirarme y susurrar un gracias. Caminamos por el pasillo, pasamos por el living y entramos al comedor como si nada. La casa de Pedro seguía básicamente igual, aunque con cambios obvios de una ama de casa como Ana. Sentí la mirada de todos sobre mi y más la de mamá pero no eran malas miradas, sino que estaban acompañadas de sonrisas, sonrisas que no podían esconderse. Había dos lugares vacíos, separados por Delfi pero ella rápidamente se corrió, dejando los dos pegados. Mordí mi labio, en señal de ironía. Podía ver a Pedro normalmente, como si no hubiera pasado nada, cuando estuvimos hablando tan bien y de una forma tan linda hace minutos, y no era algo comun cuando yo no era cualquiera, era su ex novia quien lo había engañado. Sí. Dolía decirlo.
—¿Me vas a quedar mirando embobada o me vas a servir comida caliente? -reí con el comentario de Pedro, aunque todos me acompañaron. Me sentía cómoda, como si estuvieramos un año atras comiendo en familia aunque sea una vez al mes. La comida transcurrió tranquila, Pedro y yo fuimos los ultimos en terminar ya que llegamos bastante tarde. Entablamos una conversación pero con la presencia de nuestras madres ordenando y esperando para servir el postre.
—¿Seguis queriendo estudiar trabajadora social? -amaba que todavía se acuerde de estas cosas.
—Si, claramente ¿Vos? ¿Producción?
—Si, claramente -dijo imitando mi voz, lo que me obligo a darle un golpe suave en el hombro. —¡Alejandra, Paula me pega mientras como! -dijo señalandome con cara de nene de dos años. Lo fulmine con una mirada irónica y rei nuevamente. No quería que esta noche termine.
—¡Paula, deja a Pedro en paz! -estaba por retrucar pero Pedro me ganó de mano-
—Ya escuchaste a tu mamá -dijo disfrutando la situación. Después de unos minutos, me colgue riendo al ver como comia Pedro. Claramente no había cambiado nada, con verlo ya era feliz.
—Madura -le susurre mientras le tiraba una servilleta-
Ana nos interrumpió, diciéndole a Pedro que ni siquiera con visitas podía comer sin mancharse la camisa por lo que, tuvo que irse a cambiar. Reí aunque lo que menos quería es que se vaya. Quedé mirando su espalda hasta que desaparecio por completo, estaba totalmente anonadada.
—¡Ya se que mi bebé es perfecto pero disimula hija! -dijo Ana riendo dulcemente. En ese momento sentí tanta verguenza, y lo único que me salió fue agachar la mirada. —A pesar de todo te sigo eligiendo para el futuro de él ¿sabes? -dijo después de un tiempo, suspirando y dejando el helado a un lado para decirme eso en un tono sincero y que yo solo quede a punto de las lagrimas. Si, ya se. Sensible.
—No creo que él me siga eligiendo, después de todo lo que lo hice sufrir -dije riendo amargadamente, y Ana me miró con tristeza.
—Conozco a mi hijo, más que a mi misma. Puede ser duro, terco, bipolar, todo pero si te esforzas vas a poder -me dijo para después darme un sentido abrazo.

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