Fue un día agotador tanto en física como psicologicamente. Después de matemática, tuvimos un recreo común y corriente, donde me la pase sentada pensando, dos horas de química y sí, por fin ¡Fin del día! Era difícil empezar mi último año en el secundario, aunque no me afecta emocionalmente porque quería ya librarme de todo esto y poder irme tranquila al gran Buenos Aires para poder empezar con mis estudios de trabajo social. Me aburria la rutina, y esto era algo tan constante que llegaba a estresarme. Aunque obviamente los factores influyen y este no fue el motivo principal de mi mal estar, verlo me dio vuelta el mundo en todos los sentidos. Sentía que si cerraba los ojos, volvería a escuchar su voz, mirar sus gestos y expresiones, disfrutar de su sonrisa pero todo lo que pasó, pasó para mal. Ni siquiera volvió a mirarme después del momento con el profesor de matemática y eso me dolió, yo pienso que quedaron tantas cosas inconclusas que no sé por cuanto tiempo voy a poder manejar la situación. Odiaba su indiferencia y que haga como si nada pasó, aunque sé que algo le afectaba verme. Cuando estábamos juntos, pocas veces lo vi enojado porque cuando algo le parecía incorrecto aparecía el Pedro indiferente, distante y ese era el mas odiaba. Parecía que no le importara, con el tiempo lo fui tratando de superar aunque él dejó de lados esos "ataques". Desde ese momento, comenzamos a disfrutar de alguna manera nuestra relación. Había pocos celos de su parte porque no era el tipo de chico que no me dejaba salir con amigas o esas cosas, solamente opinaba sobre alguna ropa que usaba o si miraba de más pero nada raro. Yo por mi parte, sí, era celosa porque tengo razones para serlo. Pedro es un chico lindo, con el que muchas querrían estar, siempre fue un buen compañero y descrito por todas mis amigas como alguien tierno. Y claramente eso atrae, lo admito. No podía creer como existían chicas que se le regalaban con moño y todo, sabiendo que el estaba en una relacion aunque siempre confié en él, ciegamente. No sé en que momento pero con el tiempo la relación se desgastó, empezaron las peleas tontas y absurdas de su parte o los celos ridículos míos, y así estuvimos meses, yendo y viniendo, como podíamos. Mi viaje a Santiago de Chile fue la gota que rebalsó el vaso, nunca estuvo seguro de que lo hiciera aunque sin embargo me apoyo en mi decisión. Fue ese el momento en que dejamos en claro que, yo allá haría lo que quiera y el acá igual. Yo sabía que en el fondo ninguno de los dos haríamos algo fuera de la común, porque a pesar de las peleas, nos amábamos pero sin darme cuenta fui yo la que arruino la historia.
Mi cabeza quería seguir pensando pero mi cuerpo dijo basta, y sin darme cuenta caí en un profundo sueño. Eran las 19.00 hrs y sentí como alguien trataba de despertarme gritando un "—¡Paula arriba!", tape mi cabeza con la almohada pero era inútil. Estire mis brazos, mire alrededor tratando de descifrar que pasaba, desperté por completo o al menos tenía algo de conciencia, agarre el reloj de mi mesa de cama y vi la hora, no podía creer lo mucho que había dormido. Cuando iba agarrar mi celular que no paraba de titilar otro grito me puso histérica " —¡Paula!". Me paré, abrí la puerta rápidamente y volví a acostarme.
—¡Por fin nena! Te venimos a decir algo -tu mamá, siempre tan amorosa en la forma de despertarte.
—¿Qué? -dijiste sin ánimos, no había sido del todo tu día. La escuchaste suspirar, mirando de reojo los costandos tratando de encontrar las palabras adecuadas.
—La familia de Pedro nos invitó a comer pero si no queres venir no vengas, no pienso obligarte por todo lo que pasó, y bueno vos sabes -largó todo de golpe y quedaste algo helada ¿Habías escuchado bien? ¿Ir a comer a su casa? Tragaste saliva. —Ana me dijo que le preguntó a Pedro si le molestaría que vos estés ahí y él no tiene problema, depende de vos hija...
Quedaste atontada después de ese comentario, era una buena oportunidad para hablar o bueno, hacer el intento. Miraste hacia un punto fijo en tu ventana por si en algún lado estaba escrita tu respuesta pero no, no estaba. Largaste un gran suspiro y de golpe, tus ojos se llenaron de lagrimas. Tu mamá solamente atinó a abrazarte, demostrándote amor. Después de unos largos segundos, te separaste y la miraste.
—¿Pensas que le va gustar que lleve el vestido verde que tanto le parecía lindo? -y deje salir una sonrisa amargada pero con algo de esperanza. Alejandra me miró con amor y acarició mi mejilla izquierda.
Me di un buen baño relajante, para poder concentrarme y pensar bien como iba actuar frente a él. Me puse un vestido verde suelto, sencillo pero a la vez muy lindo, perfecto para la ocasión. Esta prenda me traía muchos recuerdos y en verdad, Pedro siempre me dijo que le gustaba como me quedaba. Un pequeño nudo se formo en mi garganta pero no quería llorar, no ahora. Peine mi pelo, deje caer algunos pequeños bucles formados en la punta de estos, lave mis dientes, me mire al espejo, largue un suspiro y salí del baño. Baje las escaleras y ahí estaban mis papas, hermano y hermana. Me miraban con una cara rara pero, linda al final. Abrimos la puerta casa y mientras íbamos subiendo al auto, papá me susurro un " —Tranquila", que obviamente me relajo bastante. La casa de Pedro quedaba a una cuadra y casas de la mía pero mamá insistió en que vayamos en auto porque había algo de viento y seguramente más a la noche empeoraría. Llegamos. Los nervios comenzaban a expresarse mas de lo normal y podía hasta yo darme cuenta, que mis labios no aguantarían mas si seguía mordiéndolos. Bajamos y Delfi me dio un beso fuerte, sentido, mirándome a los ojos. Mamá golpeo y se escuchó detrás de la puerta un " —¡Pedro abrí!" seguido de un "—Voy", me estremeció su voz. La puerta se abrió y ahí, lo viste. Mi corazon volvió a paralizarse y mi manos sudaban, tragaste saliva y largaste otro suspiro. Estaba perfecto, zapatillas y jean negros con una camisa blanca, acompañada de pequeños detalles. Me di cuenta de algo en apenas segundos, esa camisa se la habías regalado vos para su último aniversario y sí, otra vez las dudas. Al parecer estuviste colgada algunos largos minutos porque sus palabras me sacaron de la burbuja en la que estaba.
—¿No vas a pasar? Mira que no muerdo -ahí estaba él, con los brazos cruzados, mirándome con una sonrisa graciosa en su cara, esperando una respuesta que por ahora, no aparecía. Te quedaste helada pero tenías que decir algo.
—Si... Es que... Pensaba -suspiraste —Mejor paso -él rió de forma chiquita y asintió, corrió su cuerpo para un costado y te dejó pasar, le sonreíste mirando sus ojos más brillantes que nunca, amaste el momento en que conectaron miradas. Era distinto a todo, él era distinto a todos. En ese momento supiste que seguías enamorada de él, como el primer día.
Iba ser una larga noche, y eso te pareció mas que bueno.
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