viernes, 27 de febrero de 2015

Capítulo 46

No sé como hice pero me escabullí para poder salir de esa casa. Me agotaba estar con tantas personas y más que nada me molestaba el trato como si fuera un bebe de cinco meses. Estábamos bastante lejos de la ciudad, es más, el vecino más cercano era a dos cuadras y yo solo caminaba. El aire frío y seco chocaba mi pelo, y por causa del viento también se levantó polvadera. Habré caminado unas cuatro cuadras en línea recta hasta que encontré una mini casa de dos pisos donde en la parte inferior había una ventanita que decía "kiosco", toque mi bolsillo y tenía un billete de $50 y dos de $20, claramente no sabía como habían llegado ahí. Parecía que era a propósito ver un cartel gigante sobre una publicidad de los cigarrillos marlboro. Y de nuevo esas ganas de fumar, aunque sea uno, estuve unos cinco minutos peleando con mi otro yo hasta que no me contuve y acá estaba, abriendo una cajita para sacar uno y deducir que no tenía fuego. No pegaba una. Me resigne por lo que volví a casa, con el paquete de cigarrillos guardado en el jeans.

—¿Donde estabas? -eso es lo primero que escuché apenas abri el portón de la casa.
—Estaba dando un par de vueltas -hable sin preocupación, casi indiferente. Para al segundo ver a Paula mirandome fijo a los ojos, ni muy muy ni tan tan.
—Te vi hablando con Nao -me tense un poco.
—Si, bueno, tengo que conocerla un poco mas ¿O no?
—Se supone -ella asintió y suspiró. Me acerque a ella con el fin de que entraramos a la casa aunque no tenía demasiadas ganas.
—No quiero entrar -pare en seco a un par de pasos a la puerta, que se encontraba en el marco ella también.
—¿Por?
—Me siento incómodo -trate de ser lo mas sincero posible. Paula quedó mirandome, como pensando en algo. —¿Que?
—Veni, vayamos a un lugar -y que se acerque a mi.
—¿Donde?
—Mientras caminamos te digo... -me pareció linda la idea. Me despejaria un poco, y además Paula me ayudaba a tranquilizar esa incomodidad que sentía con otras personas.

-

—¿Sabes a donde vamos o me chamuyaste?
—Obvio que sé, antes veniamos acá los dos.
—¿Como?
—Vinimos un par de veces mi familia y la tuya juntas, a almorzar o cosas así, pocas igual. Cuatro o cinco de grandes pero de chicos muchas más pero ni me acuerdo. Una vez salimos a caminar y encontramos un tipo de parque -hizo una pausa. —Es importante -y calló.
—¿Por qué?
—No tendria que decirte, bueno, no sé -miro hacia al frente del camino, desviando la mirada de mi.
—Quiero saber.
—Acá nos pusimos de novios -tiro y yo solamente me quedé pensando, no quería forzar las cosas. Y siendo sincero en lo que menos había pensando era en algún tipo de relación.
—Pau... Yo... -me interrumpió.
—No digas nada, no hace falta -seguía sin mirarme, esto le dolía.
—Yo también quiero conocerte -ella envío su mirada sobre mi al segundo. —Podriamos salir, o algo. Me contas nuestra historia, todo puede ayudarme.
—No te sientas presionado -hablo con una voz tímida. Casi un susurro.
—Si te lo digo es porque lo quiero hacer -suspire, parando el paso en el medio de la calle de tierra.
—No tenes porqué tratar de conocerme para que estemos de nuevo juntos ni enforzarte en hablar con Naomi, ni venir acá por obligación -hablo con ganas de decirme eso hace tiempo.
—¡Lo hago porque quiero! Quizá si, vine acá por obligación pero hablar con Naomi lo hice porque quería igual que estar acá con vos, sino te hubiese dicho que no. Perdí la memoria pero no soy tarado. Quiero conocerte, saber las cosas que te gustan, cuando fue nuestro primer beso, anécdotas juntos, como era, los aniversarios ¡Quiero saber! Y no te lo digo por compromiso -que ella solo me mire un par de segundos y luego baje la mirada, buscando alguna respuesta en las piedras que había ahí.
—Hablemos cuando lleguemos mejor -que ella siga su camino y yo tenga que seguirla.

-

—¿Que queres saber? -estábamos alejados uno del otro. Ella parada dandome la espalda y yo recostado sobre un árbol con mis brazos alrededor de mi piernas que se encontraban haciendo presión sobre mi pecho. —Si vas a estar con esa cara nos vamos... -este jueguito de estar seria sin razón me estaba cansando.
—Si queres irte, andate -no tenía ni la mínima idea de porqué el enojo. Si bien habíamos tenido una charla anterior donde levantamos un poco la voz, ella no se demostró efectada.
—¿Que pasa? -hable parandome y caminando dos pasos hacia ella (que seguía sin mirarme)
—Nada -ese nada fue casi audible.
—Hey... Pau -no sé porque pero me dio escalofrío escucharla de esa manera. La mire de costado levantando su mentón para que me vea a los ojos pero solo recibí que me abrazara escondiendo su cabeza en mi cuello y sus brazos  enrienden casi en forma automática, mi nuca. La abrace también con algo de necesidad por como lo hacia ella. No sabía que significaba esto, mi cabeza no podía ponerse en un eje fijo para pensar. Cualquier pensamiento que se me cruzó por la cabeza fue opacado por una congoja de Paula, profunda, audible solamente para mi y no supe contestar de otra forma que no sea uniendola más a mi. —¿Que pasa? -hable después de unos largos minutos, estando en la misma posicion y dejando unas caricias en su pelo.
—Prometeme que nunca nos vamos a separar -hizo una pausa y sentí como mi pecho se fruncio. —Que vas a intentar conocerme. Vas a mirarme, vas a mimarme, vas a estar siempre con tus chistes para mi, no quiero que lo que te haya pasado nos separe mas de lo que podemos -para este entonces sus lagrimas habían vuelto a salir en forma de cataratas de sus ojos, ahora, verdes oscuro. —Prometeme que vas a quererme a pesar de todo -la mire directo a sus ojos porque era la forma más sincera, al segundo le sonreí para acercarme a su oído derecho.
—No puedo prometerte nada ni a mi mismo podría -ella bajó la mirada pero hice que la levante al segundo. —Pero si puedo decirte que quiero conocerte, saber de vos, que te gusta, las cosas que odias -hice un movimiento para poder verla de nuevo fijamente, habían vuelto de apoco un brillo a sus ojos. —Podrias contarme que hice para enamorarte tanto porque ni yo lo entiendo -ella me sonrió con algo de timidez. —¿Por qué te habías enojado?
—No era enojo -trago saliva. —Me atrapo el miedo de que nunca volvamos a ser lo que fuimos, de que para vos no signifique nada o que estes conmigo por obligación.
—Ya te dije, puede que haya venido a este almuerzo por obligación pero con vos no, en serio. Es más me tranquilizas, me sacas esa incomodidad que sentía al estar encerrado y te vuelvo a decir gracias por eso.
—No me agradezcas -creo que recién, al escucharla, me di cuenta de que seguiamos en la misma posición de unos minutos atrás, a solo un par de centimetros, abrazados y que me sentía bien así, que no había nada de malo, que no quería separarnos y disfrutaba, o mejor dicho, la disfrutaba.

sábado, 21 de febrero de 2015

Capítulo 45

Narra Pedro.


—Ana está durmiendo y... -pensé. —Horacio también. Así que hicimos demasiado cuando vamos a comer solos -apoye los codos sobre la barra y mire como terminaba de servir la comida en el segundo plato. Solo bufó.
—¿Jodeme? Nos matamos haciendo esto y nadie lo va comer -se dio vuelta para mirarme y me fue inevitable reír al ver como tenía una mancha de harina en la punta de su nariz. —No sé que vas hacer con esto vos porque es mucho, y tampoco da tirarlo  -seguía hablando como si nada y yo no me podía concentrar en lo que decía. —¿Que te pasa a vos que te reis? -y quizá por impulso no responda nada y me acerque más a ella para sacar esa harina de la punta de su nariz, que estaba fría. Que ella me quede mirando fijamente y me sienta raro, no incómodo pero la situación era otra, porque aún sabiendo que ella fue mi novia o la chica con quien salía, me sentía obligado o con cierta responsabilidad a tratar de minimamente conocerla. A decir verdad era la persona con la que más me llevaba, después que con Ana, claro. Era la primera vez que la miraba yo también a los ojos, eran verdosos y cuando sonrió, se volvieron algo achinados, al igual que una cicatriz que ahora se hizo más profunda. Su perfume me llenó los pulmones, y en ese momento me entendi de cuantas cosas nos damos cuenta con solamente mirar y estar en silencio.
—Tenías harina -y que ella no me responda, porque quedo en un tipo de trance. No despegaba sus ojos de los míos y yo solo después de unos segundos de también mirarla, baje la mirada. —¿Comemos?
—Dale -parpadeo un par de veces y me sonrió.


(...)


Me sentía un granito de arena en una playa gigante. Mis "amigos" organizaron un partido de futbol, en el que claro, todos me saludaban y me trataban como si fuera un bebé de tres meses. Gente de mi barrio amiga de mi familia, tias, primos, la situación era lo más incómodo del mundo y para no quedar como un antipático, la sonrisa forzada en mi boca era inevitable. A penas había podido pasar tiempo con mis hermanas y mamá (sonaba demasiado raro decirlo así) y menos con Paula, que la vi con un par de chicas sentaba bajo un árbol, en el campo de mi padre, lejos de la ciudad.
Por fin me habían dejado solo, aunque yo me aleje de todos. Así que me fui a un costado de la casa de campo, para recostarme sobre la pared de esta y sentir un olor, que se me había hecho conocido, mire hacia la derecha y me encontré con Naomi fumando, con quien había hablado poco y nada. Me había parecido alguien buena, como primera apariencia, con ella también me sentía obligado a conocerla. Era mi mejor amiga.

—¿Que haces acá sola? -me pare al lado de ella de golpe, que estaba mirando a la nada misma y sus ojos se abrieron al verme.
—Pedro... -me sonrió. —Necesitaba un pucho -le dio una pitada y de golpe, soplo un suave viento que hizo que su pelo vuele.
—¿Y qué onda eso?
—¿Que cosa?
—El pucho... -hice una pausa. —¿Yo fumaba? Me re veo -rei, ella solo levanto una ceja y cruzó los brazos sobre su pecho.
—Capaz no te tendría que decir pero si fumabas, igual o peor que yo -me sonrió para volver a fumar, terminado ya el cigarrillo. Yo la mire tratando de decirle con la mirada lo que quería hacer. —No, ni lo pienses.
—¡Dale! Uno solo -hice una pausa y voltee mi cuerpo para estar frente a frente.
—¿Me van a matar entendes? ¡No puedo! -se negaba pero la sonrisa en su cara no se borraba.
—Pero si yo fumaba, una vez más no me va hacer nada ¿O si? -hice una pausa. —Además no tienen porqué enterarse los otros -era un hecho de que si ella no me daba uno, iba comprar una caja por mi cuenta. Las ganas que me salieron a flor de piel de probar eso, aunque no sepa (o recuerde) lo que era su sabor en mis labios eran incontrolables. —Te juro que no digo nada.
—Te va quedar el olor -ella mordia su labio inferior, sabía que si le rogaba un poco más, cedería.
—Me perfumo, dale. Era, bueno... Soy tu mejor amigo, esto puede ser un secreto más -y que la sonrisa anterior se transforme en una más chiquita pero sincera, clavando sus ojos en mi. Sacó la cajita de su bolsillo, y de este dos cigarrillos, suspiró y me dio uno. Al segundo ella puso el suyo en sus labios para prenderlo y fumar, como si fuera la ultima vez en su vida.
—¿Queres fuego? -asenti y me dio el encendedor, no tarde demasiado en darle la primera pitada después de tanto tiempo. Sentí un algo por todo mi cuerpo, lo disfrute aunque sabía que estaba mal. Era la primera vez, después de despertarme, que sentía algo de adrenalina o que podía hacer algo por mi mismo. Guarde una de mis manos en el bolsillo de mi jeans, aunque antes me arremangue la camisa hasta los codos y me quedé mirando la nada, igual que ella.
—¿Y?
—Y esta buenísimo. Nadie me había dicho nada de que fumaba, aunque te cuento que cuando sentí el olor me re llamó la atención.
—Fumabamos hace mucho, capaz es costumbre este olor para tu cuerpo.
—Seguro es eso... -le di una cuarta o quinta pitada al cigarrillo. Disfrutaba de ese no sé qué. —Gracias igual.
—¿Por? -me miro de golpe mi perfil, ya que mi mirada de concentraba al frente.
—No se bien porqué pero siento que estoy siendo un poquito yo -ella quedó callada y su mirada bajó hacia el suelo por un par de segundos.
—¿Te jode si te pido un abrazo o te sentís muy acosado?
—Veni, con vos no me siento para nada incómodo -tiramos los cigarillos y que ella, al segundo, me abrace con fuerza, y necesidad. Apoyando su cabeza en mi hombro con la mayor ternura del mundo, por fuera demostraba ser una mujer demasiado fuerte, con un gran carácter pero ahora, en este abrazo la sentía tan indefensa por lo que la rodee con mis dos brazos, para que se sintiera querida, porque seguramente esto era mas dificil para ella que para mi.


como verán tengo mis debilidades

martes, 17 de febrero de 2015

Capítulo 44

Necesitaba verme linda, necesitaba sentirme más femenina, necesitaba arreglarme para ir a su casa, no había una razón o bueno sí, Pedro. Aunque no pase nada (porque no iba pasar, eso repetía mi cabeza) quería verme o demostrarle, en esta relacion que empieza de cero, que soy una mujer que le gusta verse bien. Por esta razón estaba en mi casa dando vuelta mi ropero buscando algo casual pero lindo y a la vez fino, ya sé, difícil. Eran las 16.30 y tenía media hora para encontrar a ropa perfecta, a las 17 hrs me tenía que bañar para estar lista a tiempo y llegar puntual. Mi pieza era un solo desorden, no quería ponerme histérica pero me era inevitable. Al final me decidí por lo más simple del mundo: jean claro, borcegos, un remera manga larga que no se me vería porque me voy a usar un buzo de hilo algo fino y también pensé llevar un abrigo de paño negro ya que iría a las seis de la tarde de un día nubladisimo y comenzaba a anochecer, estábamos en el pleno otoño, por lo que cuando vuelva iba ser el doble de frio que ahora. Lista la ropa, me di un baño para relajarme después del día cargadito que había tenido, pude lograr lo que quise así que esa histeria desapareció en segundos. Salí, me vestí, me peine, me puse la mochila en mi hombro y en menos de lo que pensaba estaba llamando a papá para que se digne a llevarme a la casa de Pedro, porque a pesar de que quedara a una cuadra hacia frío y él se había ofrecido amablemente a llevarme. Estaba a punto de escribirle un mensaje pero no sabía si tenía el celular de nuevo y además cada cosa que pensaba hacer me repetía en la cabeza si se acordaba o no que era. Ilusa. Papá apenas baje del auto se fue, el frío y la cama valian más que yo. Toque el timbre esperando que alguien me atienda y después de dos minutos (eternos) apareció Pedro con su pelo totalmente desordenado, una de sus manos guardada en el bolsillo del buzo que tenía puesto, con un jean y en medias, sumado a la sonrisa que había en su cara. Moría por abrazarlo y llenarlo de besos, demasiada ternura me dio por lo que me quedé embobada mirandolo.

—Pau, veni. Pasa -corrió su cuerpo a un costado para que yo pueda pasar sin antes dejar depositado un beso en su mejilla, transformando ese clima frío por uno cálido gracias al aire acondicionado de su casa. Di vuelta mi cabeza hacia la cocina donde observe hojas por todos lados de la mesa, acompañadas de dos o tres libros, lapiceras, lapices, etc.
—¿Y esto?
—Es que Ana me dijo que mire las cosas que tenía en mi cuarto, entonces lo revolví de arriba a abajo, mire algunas fotos y encontré las cosas de la escuela, leí un par de hojas para ver si te podía ayudar pero un plomo es esto... -ambos reimos. —Entonces estaba por preparar dos café y justo llegaste.
—Bueno, por lo menos intentaste -le sonreí porque al mirarlo no podía hacer otra cosa.
—Deja las cosas ahí en la mesa, cuando termine de hacer esto empezamos ¿Dale? Me decis en que te puedo ayudar...
—Dale -deje las cosas en una silla y me acerque al tipo mostrador que tenían para separar la parte de cocina de la mesa donde comian. Me fue inevitable no acordarme de la mañana que tuvimos hace un par de semanas atras, acá nos dimos nuestro último beso en serio (sacando el pico que le tire en el auto) y como él por primera vez no me había dicho nada, porque no le interesaron las consecuencias de eso y lo disfrutó. Suspire y me concentre en la realidad, él al parecer me estaba hablando mientras batia el café.
—¡Batilo! -ese grito acompañado de una sonrisa me distrajo por completo.
—Ahora lo hago aceleradito...
—Y si te colgaste.
—Perdón, perdón ¿Que cosas leiste de la escuela?
—Algo de biología, vasos sanguíneos, me aburrí y lo deje ahí igual...
—Yo más que nada tengo que practicar varios ejercicios de matemática, si queres vos me podes pasar a la computadora un trabajo práctico que ya tengo hecho o no se.
—Dale Pau -hubo un par de minutos en silencio, que si seguían iban a ser incómodos. —¿Ya está tu café? -asenti y se lo di. —Anda sacando las cosas yo ahora voy con los café y bocaditos que quedaron de hoy...

Y así pasamos la tarde, o bueno, desde las seis hasta las siete y media pasadas charlando sobre la escuela, Pedro había terminado antes que yo de pasarme el trabajo práctico y yo estuve un rato más. Matemática me costaba demasiado pero esta vez le había podido agarrar la mano. Después de terminar todo, yo ordene la mesa y él lavó las tazas y en menos de diez minutos estábamos sentados en los sillones del living viendo una película (malísima) que a Pedro le encantó, al contrario de mi que sentía que en cualquier momento me dormía. Así pasamos otra hora y ya eran las ocho y media. Lo que llevó unos diez minutos de comentarios alargadores de su parte por lo que genial que era la película según él, hasta que callo y se formó un silencio. Él haciendo zapping en la tv y yo usando el celular.

—Me aburro -aparto la cabeza de la tv y me miró. —Hagamos algo Pedro, pensa.
 —¿Comer?
—¡No! Algo más divertido...
—Estoy pensando, pero vos también hacelo -y así estuvimos un par de largos segundos.
—¡Ya sé!
—¿Qué?
—Vos desde siempre quisiste estudiar producción de tv...
—¿En serio? -asenti.
—Quiero que trates de producirme un programa de televisión en cualquier parte de tu casa, yo soy la conductora y vos, obvio, mi productor.
—No tengo imaginación para esas cosas...
—Dale, a vos te encantaba. Capaz te acordas de algo -le sonreí. Haciéndolo parar para ya empezar con esto.
—¿Y que hacemos?
—Primero tenes que pensar de qué queres hacer el programa -me escuchaba atentamente. —Puede ser un programa de canto, o baile, o un programa de cocina...
—¡Ese quiero!
—¿De baile?
—¡No! De cocina.
—Bueno -camine hasta la cocina apoyandome en la barra que separaba la cocina del comedor. —Ahora te toca pensar a vos...

Y de a poco Pedro iba pensando cosas, me dio un pimentero y me dijo que este iba ser mi micrófono, estuvimos ensayando como seria la entrada mía como conductora (habíamos tomado muy en serio a la idea).

—¡Espera!
—¿Que pasa?
—En mi pieza encontré una cámara para grabar que podemos usar ¿No? -asenti entusiasmada. —Veni, ayudame a buscarla... -subimos la escalera hasta llegar a su cuarto, donde literalmente tal cual me había dicho él, estaba desordenado de arriba a abajo, o bueno, más que nada su cama que estaba llena de fotos, juguetes viejos y la mochila de la escuela. Él no le dio demasiada importancia y se dispuso a buscar lo que quería. Quizá fue casualidad pero mi mirada se concentró en un par de audífonos grandes de color negro, que encajan perfecto para un productor.
—¡Pedro, veni!
—¿Que pasó?
—Ponete esto así quedas más productor... -y sí, parecia un productor hecho y derecho. Lo único que hice fue enredar el cable en el jean donde se supone que va el cinturón.
Él siguió buscando la cámara por su parte y yo me digne solamente a ver una caja que decía "cosas viejas", donde encontré fotos de él con sus amigos jugando al futbol de muy chiquitos, algunas con Nao cocinando cuanto tenían menos de diez años (me dieron demasiada ternura) y después encontré una de él y yo antes de subir al colectivo donde íbamos a viajar con la escuela, y al fin y al cabo fue ese día el que nos dimos nuestro primer beso. Guarde las fotos y segui viendo lo que había, encontré una bolsa con un nombre que era "15 de Ludmi", que había sido otro momento especial ya que nos habíamos puesto de novios el mismo día de la fiesta de mi mejor amiga. Estaba lleno de pelucas, silbatos y una sola vincha de plumas rosas lo que me pareció bastante divertida. Hasta que escuche a Pedro gritar un "¡Acá está!" lo que me obligó a guardar todo excepto la vincha que la deje en mi mano.
—La  encontré estaba en los cajones del ropero...
—Genial.
—¿Y eso?
—¿Que cosa? -pregunte distraída.
—Esto -y me saco la vincha de mis manos poniendosela sobre los audifonos queriendo hacerse el divertido.
—Ah, eso -largue una carcajada chiquita. —La encontré revolviendo un poco todo esto...
—¿Me queda bien?
—Si pero espera que te la arreglo bien -que él se deje arreglar por mi, y que yo no me pueda concentrar en otra cosa que no sea en lo cerca que estábamos, porque podía ver el brillo de sus ojos. A pesar de que no se acuerde de nada estábamos pasando una hermosa tarde y ahora que yo este aprovechado esto de arreglarle las plumitas rosas en su cabeza para sentirlo cerca de nuevo, y que seguramente él ni siquiera me vea como una futura "novia" y que este más embobado en la cámara que en mi. Literalmente.

Bajamos y Pedro me filmó tratando de conducir un programa, aunque todo esto terminó en ambos cocinando ñoquis para toda la familia de Pedro, llenos de harina y dejando la cocina de Ana hecha un desastre.


no se si les gustara pero es el cap que más me gustó escribir💕

Capítulo 43

Había pasado una semana y cuatro días desde esa charla, por ende era viernes. Después de lo que me dijo Pedro me quedé unos diez minutos con él hablando, contandole un par de cosas (que si podía decir) hasta que la enfermera me dijo que le tenían que hacer un par de estudios por lo que tuve que irme, solo vi a Pedro bufar ya que no le gustaba para nada esto de estar en una clínica y sumandole que le pongan inyecciones o tenga que tomar varias pastillas o remedios, aunque sea por un par de días. No habíamos vuelto a hablar, ya que al pasar los días otras personas fueron entrando a verlo, hasta Lucía, me dio un escalofrío en todo el cuerpo cuando la vi pasar y miedo, no sabía porqué.
Pero eso en este momento era lo que menos me importaba, hoy  viernes le daban el alta a Pedro, o bueno a decir verdad el seguía su tratamiento tal cual acá pero en su casa. Estaba demasiado nerviosa por como iba ser todo, hace dos horas había llegado del colegio y fui casi corriendo a casa para cambiarme y poder llegar a tiempo, Ana y Fede estaban en el hospital, mientras que Nao, el resto de sus hermanas y yo los esperábamos en su casa, arreglando todo para que él se sienta cómodo. Un detalle aparte es que Horacio esta casi recuperado, Ana había sido la encargada de contarle todo lo que pasó a lo que obviamente tuvo su consecuencia, pero al parecer o por lo menos es lo que demuestra, esta bastante bien. Los doctores nos habían pedido que, a pesar de que le den el alta a Pedro y que él este mas aceptado a conocer personas nuevas para su situación actual, no lo ahoguemos con demasiada gente junta, por lo que su familia solo dejó que estuvieramos nosotras dos, lo cual agredeci.
No podía quedarme quieta en un lugar cuando escuché el auto frenar al frente de la casa. Me acerque a la ventana y pude ver a Fede ayudandolo a bajar, mi corazón paró de nuevo al verlo tan indefenso. Tenía un buzo azul con un jean largo, ya que hacia bastante frío, su barba estaba mas corta que larga y según la última vez que hable con su enfermera, había recuperado bastantes fuertes aunque no estaba igual que cualquier persona. Me separe de la ventana con una vista hacia el suelo para alejarme de todo un poco, o bueno no quería estar con él apenas llegara. Primero las hermanas, claro, atrás de ellas estaba Nao y bueno, como dije un poco distanciada yo. La puerta abriendose interrumpió mis pensamientos, por lo que levante la vista y me encontré con un Pedro sonriente, quizá era porque ya había hablando con todos en el horario de visitas cuando estaba en la clinica, al revés de lo que pensaba él se acercó uno por uno a saludar, mirandolos y diciendo un "Vos sos..." y su nombre, le acerto a todas. Me dio algo de tristeza toda la situación, o no, no era tristeza, sino que era algo bueno este recibimiento a pesar de que el no se acordara de nada. Camine hacia la cocina, a lo que nadie me vio, saque la jarra de jugo y me servi en un vaso. Apoye todo mi cuerpo sobre la mesada y me perdí en un algo estando sola en la cocina pero, de nuevo, un grito me sacó de mis pensamientos. "¿Y Paula?", si no me equivocaba era la voz de Pedro y me estaban buscando a mi. Pocas veces había sentido tanta ilusión en mi vida, mis ojos brillaron de una manera especial. Y antes de que puede dejar el vaso e ir allá, apareció Sonia.

—¡Acá está Pepe! -y al segundo verlo a él, con una sonrisa quizá mas grande con la que entró, enviando la mirada hacia mi.
—¡Pau! -y que yo me sorprenda al recibir un abrazo de su parte pero que una voz interior mi grite un "¡Reacciona!" para yo también devolverle el abrazo, pero de alguna u otra manera me deje abrazar por él, por sus brazos y que apoye con totalidad mi cabeza en su hombro. —Ana me dijo que ibas estar acá y entonces te estaba buscando, pensé que te había ido...
—No, es que como vi como estabas allá con tus hermanas no quería molestar.
—¿En serio lo decis? -asenti. —Para mi son todos iguales -frunci el seño. —No reconozco quienes son mis hermanos, o papas. Osea si sé pero para mi, en lo que es sentimiento -hizo comillas con sus dedos. —Son todos iguales, es como que con vos salía pero yo no me acuerdo o Nao era mi mejor amiga pero no lo tengo tanta confianza ahora.
—Ahora entendi -le sonreí. —Estas re simpático -largo una carcajada chiquita.
—¿Viste? Es porque cuando estuve en el hospital tenía un psicólogo -yo asenti. —Y me dijo que si ponia optimismo y era mas sociable, o como se diga, me ayudaba a acordarme o igual que hacer algo que antes me gustaba, porque según él cualquier detalle puede hacerme recordar -largo un suspiro. —¿Me das jugo?
—Que bueno que seas optimista -escuche susurrar un "aunque sea trato" de su parte, mientras yo le servia jugo en un vaso aparte. —¿Que vas hacer hoy? -le di el jugo.
—Por ahora tengo hambre y sueño, así que como algo y si me dejan voy a dormir ¿Y vos?
—Yo me quedo un rato mas y después me voy a casa aunque sea un par de horas para estudiar porque el lunes tengo examen y no quiero pasarme sábado y domingo estudiando -mordi mi labio inferior.
—¿Queres que te ayude?
—¿Que?
—Si queres que te ayude, es que Ana me dijo que mis hermanos cada uno volvia a su casa y capaz ella se concentra en ayudar a Horacio, me voy aburrir ya el primer día en donde se supone que es mi casa.
—¿En serio queres?
—En serio Paula... ¿Venis?
—Obvio. Tipo seis vengo ¿Dale?
—Dale, genial -y Caro entro a la cocina con una sonrisa pícara a lo que yo baje la mirada, y Pedro no entendió, nos dijo que llevemos los bocaditos dulces para comer algo porque en un rato algunos ya se iban a empezar a ir. Y así pasamos ese rato, tratando de hacer sentir cómodo a Pedro.

domingo, 15 de febrero de 2015

Capítulo 42

No sabía como podía estar parada al sentir como su mirada se clavaba en mis ojos, con su seño fruncido y algo de inocencia. Trague saliva, baje la vista y sentí como mis manos comenzaron a temblar y transpirar al mismo tiempo ¿Que había que hacer en estos casos? ¿Que decir? No apartaba sus ojos de mi, quizá estaba esperando que diga algo y de mi boca no salía ni siquiera una palabra. De nuevo ese dolor al saber que para él no significaba nada, ni sabía quién era. Todo lo que construimos (y destruimos) desapareció, y por mucho o poco tiempo va ser así. Tomé valor de algún rincón de mi cuerpo, y levante la mirada para dirigirla hacia hacia la izquierda y después caminar un par de pasos hasta una silla. Sus movimientos y gestos al verme seguían ahí, iguales. Tal cual él. Su barba estaba más larga pero se veía hermoso. Aclare la garganta y hablé, o eso trate.

—Hola... -bien Pau, ahora trata de sacar tema. —Soy Paula... -no sabía que otra cosa podía decir, sonreí forzadamente, evitando mirarlo porque sino no aguantaria no abrazarlo. La cara de él me hacia acordar a cuando hablamos por primera vez, tal cual ahora, una mezcla de inocencia, tranquilidad, timidez -demasiada- y algo de distancia.
—Hola -hizo una pausa. —¿Y vos eras mi...? -levantó una de sus cejas, haciendome tragar saliva ¿Que iba decirle? "Hola Pedro, fui tu primera novia, después nos separamos porque arruine todo en un viaje a Chile, volví e hice que te separes de alguien con quien salias ¡Ah! Y desde que nos volvimos a ver histeriqueamos, hasta el día que tuviste el accidente." No, no podía.
—Yo era tu... Como decirlo... -si, ya sé. Vueltera ni ahí. —Es una historia muy larga -suspire y apoye mis codos sobre mis piernas, para que mis manos sostengan mi cara.
—¿Que eras? ¿Mi mejor amiga? ¿Mi novia? -no podía creer que reaccione así, hace menos de dos horas había despertado y actuaba como si nada. Solo asentí. —¿Mi novia?
—Novia no... Te dije que era una historia muy larga -mis ojos se humedecieron un poco pero no quería que me vea llorar. Para nada.
—Perdón -volví a mirarlo a ojos al escucharlo hablar. —No me acuerdo de nada -bajo la mirada. —Recién vino una mujer que se supone que es mi... -hizo una pausa. —¿Madre? -asenti. —Y yo no sabía ni con que cara mirarla, no estoy seguro ni de quién soy. Siento que me está por explotar la cabeza y te veo a vos acá, y no sé quien sos. Perdón, en serio -sus palabras habían logrado llegarme al alma porque a pesar de todo, seguía siendo él. Su esencia seguía ahí, no importaba todo lo que pasó. Su sinceridad y el querer que nadie la pase mal estaba intacto.
—No es tu culpa Pedro... -me levante de la silla para acercarme a la cama, y quedarme parada al lado suyo. —Los doctores dicen que todo esto va pasar y quiero que sepas que lo que menos queremos es abrumarte con información. Y yo sé que no sabes quién soy pero es lo que hay ¿No? -mordi mi labio inferior para que no se note la tristeza en mis palabras al decir eso, porque a pesar de hacerme la fuerte, todo esto se me iba de las manos. No había asimilado que él había perdido la memoria ni estaba preparada para enfrentar lo que se venía.
—Veo tristeza en tus ojitos -hablo después de unos largos segundos, con sus ojos mas abiertos que antes y mirandome fijo, como buscando alguna respuesta en mi.
—Todo es raro... -sonreí, o aunque sea trate, y corrí mi mirada hacia un costado para que el no vea esa "tristeza" porque era lo que menos quería.
—Si... -largo un suspiro. —Podemos hablar aunque sea ¿No? -yo lo mire raro. No entendía su planteo. —Digo, me podes contar algo así yo me acuerdo mágicamente de toda mi vida -rió después de decir eso, al igual que yo. —En serio, contame algo. Aunque sea como era...  Las cosas buenas eh -sonrió y yo me quedé observandolo, porque a pesar de todo lo que se nos venía, disfrute que él aunque sea vuelva a sonreír. Y también, el poder volver a ver eso porque en más de una oportunidad se me había pasado por la cabeza que quizá su cuerpo no soportaba todo lo que pasaba.
—¿Que queres que te cuente? -hable mientras me daba media vuelta para buscar la silla, que estaba contra la pared, para traerla al lado de la cama de él y quedar frente a frente.
—Es raro preguntar esto pero... ¿Cuantos años tengo?
—17 -rei. Me dio ternura que me preguntara eso pero pensandolo bien era lógico, no sabía ni eso. —¿Tengo amigos?
—Obvio que tenes amigos Pedro -mordi mi labio inferior.
—Capaz era antisocial, no sé -largo una carcajada chiquita, ya que al parecer estaba algo débil. —¿Quienes?
—¿Nombres? -el asintió. —Tenes un grupo de amigos varones bastante grande, está Hernan, Nacho, Agustín, Pablo, son miles. Después amigas, están Camila, Ludmila y Sol. Tu mejor amiga desde siempre, se llama Naomi. Ella estuvo todo este tiempo acá, haciendote el aguante igual que los demás chicos -el me escuchaba atentamente. —Esos son los que yo conozco igual..
—Gracias... -hizo una pausa. —¿Hace cuanto que me conoces? -trague saliva.
—Desde tercer grado...
—¿Y desde tercero salimos? -levanto una de sus cejas mientras sonreía.
—¡Seguis igual de tarado!
—Dale, decime -largo una carcajada chiquita.
—Desde los once, mas o menos pero no fuimos novios ahí igual... -hice una pausa. —Pregunta otras cosas porque no te puedo dar tanta información, me pones en un apriete -le sonreí.
—¡Un poquito más! -yo negue. —¿No sabes cuando me voy a poder ir de acá? Me siento un parasito -lo mire con ternura.
—La verdad que ni idea, de ultima si se algo y te puedo contar, te digo.
—Gracias... -y al segundo de decir eso comenzó a acariciar su nuca mientras cerraba los ojos, en señal de que le dolía algo o eso creía yo.
—¿Estás bien?
—Si pero todavía un poco débil -su voz se escuchaba más baja que antes. —Los doctores me dijeron que tenía que descansar...
—Bueno, entonces yo me voy a ir ¿Si? -me levante de mi asiento.
—No te vayas... -lo mire sorprendida. —Es que no me gusta esto de tener que hablar con personas que no conozco y seguro ahora viene alguien, y estas situaciones me ponen incómodo. Ademas vos me caíste bien, no me abrumaste con información y tampoco me presionaste así que gracias por eso -me sonrió de una manera tan especial que sentí que me derretía en ese momento. Necesitaba abrazarlo pero no podía, tenía que mantenerme al margen de todo pero sus palabras, lo que me había dicho, no iba poder contenerme por mucho tiempo.

viernes, 13 de febrero de 2015

Capítulo 41

La habitación de Pedro quedaba al final del pasillo (era bastante largo) y luego dos puertas a la derecha, le pedí a Camila que esperara en los asientos que yo, cuando sepa si había noticias, volvía. Apenas doble vi a el doctor hablando con Fede, él lo escuchaba atentamente, por lo que antes de que me vieran me apoye sobre la pared escondiendo mi cuerpo aunque a la vez trate de escuchar lo que decían ya que no estaban lejos de mi, en realidad, solo nos separaban dos sillas y obviamente, que yo esté en otro pasillo. La cara de Fede se veía tensa, no dejaba de mover sus manos y el doctor seguía hablandole, cual máquina que hace su rutina, mientras a la vez miraba una planilla que tenía en sus manos. Trate de ver si había alguien más pero no pude ni siquiera diferenciar si el cuarto donde se encontraba Pedro estaba abierto. Por lo que me dispuse a escuchar.

—Tiene que pensar que podría ser peor... No sabemos especificarle tiempo y hora pero si que va pasar, hay que tener paciencia y tranquilizarse. Él ahora va estar un muy perdido, traten de no abrumarlo porque es peor. Si están calmados va ser mucho mejor, ahora lo que vamos hacer es un par de estudios psicológicos y quizá mas tarde pueda entrar alguien ¿Si? Solamente uno o dos, porque tienen que pensar que no se acuerda de nadie... -y mi corazón, mi cuerpo, mi tiempo se paró en seco en ese momento. Mi seño se frunció, mire hacia abajo tratando de asumir lo que había escuchado, mis ojos no podían fijarse en un lugar y obviamente en mi garganta se formó un nudo pero no llore, porque al no aceptar lo que había escuchado, no podía transmitir ningún sentimiento. Apoye mi cuerpo entero sobre la pared demasiado fría, dejando todo mi peso en el para después de varios segundos, que se hicieron eternos, me tape la cara con mis manos dejando caer no una ni varias, sino muchísimas lágrimas a pesar de que sabía que esto era una gran posibilidad porque había un 95% de que su cuerpo sufra secuelas, y no me permitía o no podía digerir lo que pasaba, porque la mezcla de miedo, angustia, desesperación o lo que fuera, ya que ni siquiera podía describirlo, invadía mi cuerpo. No sabía como reaccionar, como seguir porque ¿Que hay que hacer en casos así? El dolor era mas grande que yo, me saturaba, todo se me iba de las manos. Y después de unos cuantos segundos, como si mi cerebro fuera algo automatico pensé en que si seria amnesia o perdida de memoria completa, los dos eran horribles pero si había que elegir entre lo malo y lo peor, se elige lo más leve. Inhale y exhale tantas veces que perdí la cuenta, y como si fuera algo del destino apareció Fede a mi derecha con una mirada que no le hacia falta estar acompañada de palabras. Caminó por al frente mío para apoyar, al igual que yo, su cuerpo en la pared y rascar su nuca para después bajar la mirada. El silencio inundaba el lugar porque no se necesitaba hablar, porque yo ya sabía que tenía Pedro y a él, al parecer, la situación lo superaba. En estos días había sido el sostén de su familia, de Ana, vivía básicamente en el hospital para estar al tanto de todo, y seguramente no tenía tiempo para su dolor, porque a todos nos dolía, y se necesitaba llorar porque de alguna forma se desahogaba ese sentimiento en el alma.

—¿Ahora como está? -lo mire de reojo, con una voz tratando de sonar clara.
—Los médicos le están haciendo algunos estudios normales, y preguntas... Pueden dejar pasar a alguien, capaz dos, si queres... -y nuevamente mi corazón se paró, porque el miedo cubrió cada centímetro de mi cuerpo. Haciendome tragar saliva en forma excesiva.
—Yo... Fede, no sé. No sé si puedo aguantar todo esto.
—Avisame cualquier cosa... -asentí y vi como después de un rato, se fue sin decir nada. Suspire, refregue con mis manos mi cara como asimilando lo que pasaba, o paso. Camine por el pasillo, para llegar hasta los asientos donde Cami estaba usando su celular. Solamente me sente, me miró, la mire.

—Tiene amnesia -hable de golpe, sin voluntad, con una voz fría, porque no tenía otra opción aparte de esta. Porque ya estaba cansada de llorar, no quería ni podía vivir haciéndolo. Siempre, como me repetia Pedro cuando estábamos juntos, había que ver el vaso medio lleno, ya que podía ser peor, mucho peor. Por lo que prefiero pensar así, a pesar de la bronca y la tristeza, y claramente la desolación (no saber cómo seguir). Ella se quedó helada al escucharme, así que solo me abrazo. Y esto también dolía, porque me tenia aunque sea un poquito de lástima.
—¿Y ahora? -su cara era de tristeza, claramente fue un balde de agua fría. Ella era, o es, amiga de Pedro y eso de alguna u otra forma le afectaba.
—Fede me dijo que le iban hacer algunos estudios, en un rato capaz dejan pasar a alguien. Y yo... Yo no sé si aguanto todo esto Cami...
—Pau, aguanta hasta donde tu cuerpo te deje. Si no podes verlo en esa situación no te expongas, por el bien tuyo...
—Quiero verlo pero no sé si va ser lo mejor -suspire y baje la mirada
—Hace lo que sientas en el momento pero no te expongas a pasarla mal ¿Si? -asenti y volvimos a abrazarnos.
Después de unos veinte minutos, le dije a Cami que vuelva a su casa, yo me iba quedar un tiempo más, primero se negó porque no quería que quede sola pero yo, mas o  menos la obligue. Estaba demasiado inquieta al ver que Ana había entrado al cuarto de Pedro y que al abrir la puerta yo lo vea, por menos de tres segundos, recostado en el respaldo de la cama mirando la nada misma. Y que después de diez minutos salga de nuevo ella, con una cara neutra, ni buena ni mala, ya que me la imaginaba peor. Fede y Caro me miraron, preguntandome si iba entrar o no, ya que ellos me dijeron que no querían estar ahí adentro con él en la situación que estaba. Suspire y mi piel se erizo, asenti porque quizá mi inconciente me decía que me arriesgue. Que a las cosas malas también había que hacerle frente, y mientras estos pensamientos pasaban por mi mente me encontraba frente a la puerta, girando el picaporte.

martes, 10 de febrero de 2015

Capítulo 40

Todo se resumía en que eran las siete y  cuarto AM  de un domingo de abril, estaba en la orilla de mi cama tratando de despertarme, pensando otra vez que estaba en la clínica, mire hacia afuera y el clima era nublado, lo que se mezclaba con que no había amanecido del todo, sumándole que hacia un frío horrible. Me levante para caminar hacía el baño y al segundo recibí un mensaje de Fede.

"Estás?"

"Si Fede, recién me despierto. A que hora vienen?"

"Avisame cuando estés, voy con Caro"

"Ok, me cambio y te escribo"

Mi cuerpo obviamente no estaba acostumbrado a no desayunar, y me moría de hambre y lo peor es que parecía a propósito que mamá justamente haya hecho las compras, y la cocina este más llena que lo normal. Suspire y después de mandarle a Fede que ya podía venir, me sente en el sillón de casa a esperar. En ese tiempo que espere tuve miedo de que Pedro rechazara la sangre, y los nervios me pasaron a todo el cuerpo. Quería que aunque sea una vez, todo salga bien y sin problemas, porque todo lo absorbía mi cuerpo, ya que esta situación en parte me superaba, no sabía como controlarla. Me daba miedo el que va pasar...
Ya estaba sentada en los asientos traseros del auto donde adelante iban Fede y Caro que remaban el momento como podían, no era para nada lindo ir a donarle sangre a alguien como Pedro, no porque es Pedro, sino por lo que vale en mi vida. La clinica estaba casi vacía, y claro, un domingo de mañana solo se acude en situaciones extremas. La enferma que siempre nos atendio, me llevó hacia un cuarto donde solo había una camilla y un tipo de estante con distintas agujas. Esto, a diferencia de Pedro no me asustaba para nada, no habíamos tardado mas de cinco minutos y yo ya estaba con un algodón en mi brazo izquierdo terminando de hablar con la mujer que me atendió.

Habían pasado un par de horas, a decir verdad eran las once AM y justamente el horario en que "mi sangre iba ser de Pedro", claro que iba ser algo rápido, sin mucha importancia para quien lo hacia. Pero una que estaba afuera, moría de nervios porque no quería que pase de nuevo lo que ya pasó, y recién de noche íbamos a tener resultados si aceptaba o no su cuerpo lo donado. Apenas la enfermera salió nos comunicó que la transfusión había salido perfecta, solo teníamos que esperar la respuesta de él, o bueno, su cuerpo. Y así pase el día yendo y viniendo, mamá o Delfi trataban de despejarme para que la espera se haga mas corta, varias veces lo lograron.
Cuando llegó la noche, bueno, en realidad eran las 20.16 PM, una doctora distinta a la que ya vimos, entró a la habitación de Pedro, donde estuvo alrededor de veinte minutos (cada segundo se hizo eterno), la vi salir con una sonrisa leve en sus labios y se acercó a Ana, por lo que yo y los hermanos de Pedro nos acercamos intuitivamente.

—Bueno ¿Son todos? -nos miró. —Quiero darles la noticia de que el paciente aceptó la sangre a la perfección, su cuerpo evoluciono como queríamos que lo haga. Y esto abre la puerta a que en menos de lo programado pueda volver a estar conciente ya que la sangre dada es suficiente para que el paciente pueda retomar minimamente eso, son excelentes noticias -Ana, que al parecer la conocía al igual que el resto de su familia, la abrazaron. Yo no podía controlar mi felicidad y solo me quedé parada, a un costado algo alejada. Le mande un mensaje a mamá avisandole que todo había salido bien, mejor de lo que pensaba. Iba llamarla pero un abrazo de Sonia, la hermana de Pedro, me distrajo, después llegó el de Fede, Ana y todos, lo que me dio algo de verguenza. Aunque a los pocos minutos desaparecieron rápidamente ya que Horacio, al parecer había tenido una evolución importante y los médicos se lo comunicaron. Por ahora, todas buenas noticias.



*****



Casi eran las ocho de la mañana de un lunes lluvioso, me encontraba en el auto de papá llegando al colegio, como si fuera un día normal. Obviamente no por decisión mía, sino por la de mis padres para que me distraiga un poco y recomendación de la familiade Pedro. Les había rogado faltar solamente hoy, ya que a las 12.30 del mediodía el doctor daría un parte médico sobre cómo se encontraba actualmente Pedro y como dijo ayer la doctora, mi corazón estaban demasiado ilusionado con que él se despierte pero no me dejaron faltar, y acá estoy. Del grupo de amigos de Pedro vinieron solamente dos, y de mis amigas solo Camila. Ella trato de sacarme un par de sonrisas, no porque esté seria o deprimida sino por la situación que pasaba.
Eran las 12.29 exactas, y después de  haber visto el reloj de mi celular durante veinte minutos, le mande un mensaje a Fede preguntandole si había noticias, pasaron diez minutos y no tuve respuestas. Lo peor era que todavía faltaba media hora para salir del colegio, empezaba a desesperarme por cada minuto que pasaba, y mi cabeza que me repetía que podía ser una noticia o muy buena o muy mala para que no me responda. Mi amiga me hacia el aguante como una genia y no se como hizo pero me distrajo hasta que se hizo la hora de salida, donde le pedi que me acompañe hasta la clínica, lo que aceptó sin dudar, y en menos de veinte minutos estábamos ya llegando.


gracias por esperar y leer ☺☺☺

jueves, 5 de febrero de 2015

Capítulo 39

La paz invadía mi cuerpo cuando estaba así, durmiendo, como si todo lo que pasó nunca hubiese existido, soñando que Pedro estaba bien y nada malo le había pasado, no quiero despertarme porque sentir que él esta mal me hacía mal a mi también. Sufria por tener que soportar esta situación pero dormir no es eterno (ojalá lo fuera), desperté un poco perdida por encontrarme en mi casa, mi cama, mi cuarto cuando pensaba que estaba en los asientos del pasillo del hospital. Refregue mis ojos y me senté en la cama algo agitada, con un presentimiento horrible en mi pecho, agarre mi celular y vi que eran las 13.56 pm, me odie por haber dormido hasta tan tarde con todo lo que pasaba por lo que camine desesperadamente hacia el baño para higienizarme y a los minutos estar bajando por las escaleras y encontrarme a mi mamá hablando en forma seria por teléfono.

—Si, si. Yo le aviso. Está bien, más tarde va ir y hablamos bien allá -hizo una pausa cuando me miró a los ojos. —Cualquier cosa que pase, decime. Besos -suspiro y cortó la llamada.
—¿Quien era?
—Fede...
—¿Pasó algo?
—No, por suerte pero me dijo que un conocido de Nacho, un amigo de Pedro, fue hoy de mañana a donar sangre. El cuerpo se lo pide... -me sentí la mina más estúpida del mundo.
—¿Por qué mierda no me despertaste? ¡Yo tenía que ir!
—¡Te pasaste todo el día en la clínica, Ana dijo que deje que duermas!
—Pero les dije que iba donar y no fui, seguro piensan que soy una tarada -puede que esté susceptible pero me era inevitable.
—¡Paula, para!
—¡No paro nada! Porque me siento horrible, para el orto ¿Entendes que esta en un hospital dependiendo de una respirador? Porque ni eso puede hacer solo su cuerpo. Me siento impotente por no poder hacer nada, por no ayudarlo a que se recupere y no sabes lo horrible que es eso. Y la única forma que tengo de ayudarlo es donando sangre, acompañandolo desde el hospital y nada más que eso porque a veces pienso que si yo no hubiera vuelto aparecer en su vida todo esto no pasaba ¡Él no se merece eso!
—Pau, calmate hija. El doctor dijo que si su cuerpo aceptaba la sangre iba responder mejor, va estar consiente y va salir adelante, tenele fe mi amor...
—¿Y si la rechaza? ¿Y si pasa algo mal?
—Pensa en positivo linda -y me abrazo apoyando mi cabeza en su pecho mientras acariciaba mi pelo.


*****


Escuché a una enfermera gritar desde la puerta del cuarto de Pedro "llamen a un médico" mirando hacia la recepción del hospital, me paré rápidamente de mi asiento para correr hacia ese lugar y pude ver como la máquina de palpitaciones hacia ruidos (raros para mí) y que la mujer me tome por los hombros para evitar mi paso, que yo la corra con toda la impotencia de mis adentros y entre en segundos para tomar entre mis manos la cara de Pedro mirando desesperada todo su cuerpo en busca de no sé qué y que después de eso todo pase rápido. Los médicos entraron y me sacaron, a la fuerza ya que no quería salir al ver que el doctor apoyaba sus manos en el pecho de Pedro mientras otro, conectaba los aparatos para hacerle electrochoque. Entre en shock y golpee por más de un minuto la puerta escuchando solo hablar gente en forma rápida adentro, a la vez que mis lagrimas salían en forma de cataratas de mis ojos, caí al suelo como rindiendome porque tenía miedo, solamente miedo. Ana estaba al lado mío abrazada a Fede que su mirada estaba perdida en la nada, con lágrimas obviamente, sus amigos un poco mas alejados pero desesperados también. Pocas veces en mi vida me sentí tan desesperada como en ese momento porque el miedo inundo mi cuerpo pero ¿Qué era ese miedo? ¿Miedo a perderlo?¿Miedo a no poder ayudar? ¿Miedo a no despedirse? Miedo era, según mi cuerpo, esa taquicardia en mi corazón que solo bombeaba sangre en segundos, como mis manos no podían quedarse quietas en un lugar, también miedo era mi respiracion entrecortada y desesperada, mi mirada que iba hacia todos lados  pero ¿Eso era miedo? "Sensación de angustia provocada por la presencia de un peligro real o imaginario." Era peligro a perder, o perderlo y mi corazón odiaba eso.
El doctor salió luego de unos diez minutos, sin decir una miserable palabra, yo en ese momento no tenía fuerzas ni para reaccionar, hasta que un rato más tarde salió la última enfermera cerrando la puerta con sutiliza. Nos hizo una señal de que vayamos o vaya a Ana mejor dicho a la oficina del doctor.

Después de que Ana haya vuelto nos contó que Pedro había rechazado la sangre donada, cosa que había un 40% de posibilidades de que pase, no sabían el porqué, lo que ocasionó una mezcla con la sangre de él y proyecto un mal que hizo que el cuerpo vaya dejando de funcionar de golpe aunque el grupo de médico pudo actuar rápido, y que ahora él esté estable. Yo, antes de que dijeran algo, comunique que iba donar, ella me agradeció así que mañana a primera hora del domingo sin desayunar tenía que sacarme una buena cantidad de sangre, para él, para Pedro.



no ando inspirada mala mía perdón bue

lunes, 2 de febrero de 2015

Capítulo 38

Fue inevitable no llorar apenas pise el cuarto. Sentí que el tiempo paró cuando conecte mi mirada en el, y también como algún tipo de clip, paso por mis ojos con toda nuestra historia, desde el principio, desde que lo vi por primera vez en la escuela primaria riendo con sus amigos el primer día de clases en tercer grado, hasta el día de hoy con los reencuentros, las peleas, las bipolaridades, todo. Mi cabeza se nubló al verlo postrado en una cama rodeado de máquinas, dependiendo de un respirador artificial con suero conectado al brazo que no sufría la quebradura. Mirar su cara y ver un tajo, no tan grande, en su mejilla izquierda que era cubierto por la poca barba que tenía. Otra lastimadura entre el cuello y el pecho, que era más que nada una quemadura, todo esto también me dolía a mi. Mire para la derecha donde estaba la máquina de palpitaciones, y sentí el vértigo más grande de mi vida. Volví mi mirada a él porque lo necesitaba, necesitaba disfrutarlo aunque sea así. Sonreí amargamente y limpie las lagrimas que ya habían caído desde mis ojos.

–Hola Pepe... Hoy te estoy hablando porque sé que me escuchas, tanto que me decías que las personas cuando están así escuchan igual que les hablan. Me acuerdo, vos me porfiabas que de chiquito te operaste y te acordabas todo, yo te peleaba porque vos en ese momento no estabas inconsciente y bueno, ahora sí lo estás pero yo creo en vos, y en que me vas a escuchar aunque no me hables con tu voz que amo tanto, aunque no me mires con tus ojos que me dan tanta paz ni me des un abrazo como solo vos sabes dar pero no importa porque... ¿Sabes que? Estamos todos acá sabiendo que vas a salir de esta, porque sos un chico fuerte, mi chico fuerte. Yo sé que estas luchando ahora, y aunque no sé porque esto horrible te pasó a vos te tenes que fortalecer, tenes una vida por delante, te mereces lo mejor. Tenes que ser fuerte para que tu cuerpo acepte la sangre que te vamos a donar, porque yo también soy 0+ por si no sabias. Hoy por si no te acordas es 29 de marzo, si 29 como todos nuestros aniversarios si seguiriamos siendo novios, cumpliriamos dos años y diez meses desde que me lo propusiste oficialmente, aunque todo empezó gracias al piquito que nos dimos a los once -cerre los ojos y mire hacia arriba. —Dale, zafa de esta. Te prometo que voy a dejar mis histeriqueos, mis celos por nada, mis presiones, mis mil maneras para que vuelvas a estar conmigo, voy a dejar que seas vos, te prometo que voy a cantar todo el día con vos Ciro y voy a idolatrar a Ismael Serrano, te prometo que por vos, no sé, amo a river, amo mirar futbol. Te prometo todo chueco -entrelace nuestros dedos con fuerza mientras mordía mi labio inferior con fuerza para no llorar peor. —¿Te acordas cuando me dijiste que estemos juntos en las malas a pesar de todo lo que pase? Bueno, estoy acá. Estemos juntos, recuperate, vos podes. Podemos superar todo, cualquier cosa, y si no podemos podes ser feliz con quien vos te lo propongas pero acá, con las personas que te quieren porque yo sé que te vas a despertar y vas a jugar al futbol de nuevo, vas a seguir siendo el nene mimado por Ana, vas a seguir con tus bipolaridades porque así te elijo yo, y te voy a elegir siempre con tus defectos que para mi son virtudes, porque ese año que estuvimos separados fue horrible, y no quiero dejarte ir de nuevo -mis mejillas eran un río de lagrimas. —Que no se te cruce por la cabeza dejarme sola, por favor. Te amo, te amo, te amo -y me abrace a él, a su cuerpo, acariciando con fuerza su mano porque esto era horrible, porque tener esta impotencia era desgarrador al alma, no poder hacer nada, porque no querías perderlo de esta forma. Y deje pasar el poco tiempo que seguramente me quedaba llorando, sin fuerzas, sobre él. Hasta escuchar un golpe detrás de sola puerta en señal de que mi tiempo ya había pasado.

—Se cumplió el tiempo señorita...
—Ahora salgo -mi voz fue casi un susurro aunque la enfermera pudo entender. Me senté derecha nuevamente en la silla y acaricie despacio su mejilla, no lastimada. —Te amo ¿Si? Dale, despertate que yo voy a estar siempre acá, esperandote -para al segundo dejar un beso suave en su mejilla y pararme, caminar hasta la puerta, darme vuelta y mirarlo por última vez. Cuando salí todas las miradas fueron hacia mi, trague saliva al ver a Lucía hablando con Nacho también llorando, yo solo trague saliva y baje mi mirada ya que seguramente mi cara no era la mejor. También vi a Fede mirandome como preguntando si necesitaba ayuda, yo negué y fui directo al baño de mujeres porque me tenía que lavar la cara, para refrescar mi cabeza que no podía parar de pensar, parecía que iba a explotar. Solo inhale y exhale, tratando de calmar mi cuerpo y toda mi tensión. Me mire al espejo y sentir que mis ojos no dejan de estar inundados de lagrimas ni un segundo, aunque lo intente.


*****


Habían pasado un par de horas, y no teníamos noticias de cómo estaba Pedro. Simplemente no había mejoramientos aunque tampoco empeoró, lo que nos dijo el doctor es que tiene traumatismo de cráneo nivel 5, casi el peor (eso fue balde de agua fría) también nos aviso que mañana a primera hora teníamos que venir a donar sangre porque sino el cuerpo de Pedro iba ir dejando de responder de a poco (otro balde de agua fría) aunque nos dijo que no había alcohol en la sangre, ni tampoco en el resto del cuerpo encontraron restos tóxicos de algo que pueda afectarlo, algo que me pareció una buena noticia, entre tantas malas, fue que el cigarrillo no le había dejado consecuencias. hasta ahora. Me habían ofrecido comer un par de veces a las que todas respondí con un no, hasta los amigos de Pedro me habían invitado porque en todo el día no tome mas que agua. Sentía que no me entraba nada en mi estómago, y una de las causas era ese nudo en la garganta que aunque llore no se iba. Como eran las 20.37 pm decidí dormir un rato, sobre los asientos ya que tenía pensado pasar la noche ahí y mañana sábado volver a casa para darme una ducha. 

domingo, 1 de febrero de 2015

Capítulo 37

No sabía bien como había pasado todo, mis lágrimas caían inconcientemente por mis mejillas y todo mi cuerpo tenía frío por encontrarme sobre la pared del pasillo de un hospital. Nadie me decía nada y yo tampoco quería preguntar, afuera la tormenta estaba en su momento cumbre. Eran las 10.36 am y podía ver a Naomi sentada en uno de los asientos con la cabeza apoyada totalmente en la pared mirando un punto fijo con sus ojos hinchados demostrando absolutamente nada, por otro lado a sus amigos hablando entre ellos y tratando de buscar explicaciones, también estaban Caro y Fede con una cara de espanto, él abrazando a ella con todas las fuerzas, y por último, vi a Ana que esperaba en una puerta a que el doctor la atendiera.
En mi cabeza lo único que rebotaba era como mi mamá me había despertado hace alrededor de una hora, con una cara seria, dolida y a la vez perdida. Me despertó, yo entendía poco y nada, me abrazo sin decir una palabra.

—Pedro tuvo un accidente -ese fue un golpe bajo para mi, ella no me miraba a los ojos.
—¿Que?
—Fue a la madrugada, recién me llamó Fede para que te avise -hizo una pausa que pareció eterna. —Esta muy mal Pau.

Nunca en mi vida una frase tan corta me había hecho tan mal. Después de eso todo fue rápido, empece con un ataque de nervios o llanto, hasta que llegue acá donde todos estaban igual que yo. El doctor no decía nada, Horacio también había chocado pero al parecer solo tuvo golpes leves. Sentía que ya no tenia fuerzas ni para llorar por lo que lo hacia sin saber. Tenia demasiado miedo, veía enfermeras y médicos entrando al cuarto, o no sabía bien que era, de Pedro y sus caras no eran las mejores. De repente salió el doctor con una planilla en sus manos para hablar y todos nos acercamos.

—Traumatismo de cráneo, quebradura de brazo izquierdo, lesiones internas, corte en la parte derecha de la cabeza que afectó el nervio que abarca la memoria del paciente, por lo que hay 75% de posibilidades de amnesia, 20% de perdida de memoria completa y 5% de que no queden secuelas. Se necesita sangre 0+ urgente, perdió demasiada por lo que es necesaria, si no se consigue una buena cantidad para dentro de unas horas podria correr riesgos mucho mas graves. Necesito hablar con el familiar más cercano para saber si el paciente tenía algún tipo de enfermedad actualmente, saber de enfermedades hereditarias, si consumió drogas, cigarrillos, o algo relacionado. También le vamos hacer varios estudios en la sangre para saber si hay algo de alcohol porque todo puede empeorar la situación. Ahora si por favor me dejan, necesito hablar con algún familiar -sentir que cada palabra que decía era peor, volver a donde estaba unos minutos antes y que mis piernas no me respondan, caí en forma lenta al suelo escondiendo mi cabeza entre estas y dejar escapar lagrimas, que caían como si nada, porque el dolor que tenía en todo mi cuerpo (y alma) era inexplicable. Sentir que por parte era mi culpa, porque él me había propuesto quedarse en su casa conmigo y yo lo obligue a ir con su papá a ese viaje de trabajo, porque siempre hay que tener esa necesidad de encontrar a un culpable ¿No? Sentí que el mundo se me acababa cuando escuche decir al doctor que Pedro podía perder la memoria ¿Habia escuchado bien? El miedo me atrapó por completo, estaba perdida. No le podía pasar esto, no a él, el dolor que sentía en mi pecho no tenía comparación, quería despertarme y que todo esto sea una horrible pesadilla pero no, no era eso. Mi cuerpo tenía un mar de sentimientos, más que nada miedo y un por qué pasaban estas cosas, él no se lo merecía. No quería que pase nada, no podía imaginarmelo atado a una cama con todas esas máquinas a su alrededor. Por un momento me cruzó por la mente que no pueda superar esta situación, y me quedé helada. No me imaginaba una vida sin él, mis ojos se inundaron aún más por eso.
Pararme y caminar hacia algún lado, yendo hasta el final del pasillo, y encontrar una ventana, apoyar mis codos sobre el marco inferior de esta dejando mi cara afuera y que el viento vuele mi pelo, mirar hacia la izquierda y ver a Naomi prendiendo desesperadamente un cigarrillo, verla perdida y temblado con sus ojos demasiado rojos, cansados de llorar. Estar totalmente concentrada en ella y que unos pasos me distraigan por completo.

—Fede... -mi voz era débil y él solo se recostó en la pared quedando de perfil. —¿Que paso?
—Esta hecho mierda Pau -su mirada transmitía tanto dolor que fue inevitable controlar que una catarata de lagrimas vuelvan a salir. —Yo tendría que haber ido con papá -sus ojos estaban más que humedecidos y su voz quebrada. —Mama les dijo que no vayan con la tormenta que había y no le hicieron caso -hizo una pausa. —¿Sabes como fue? -yo negue. Él trago saliva. —Estaban llegando a ese pueblo y la ruta estaba demasiado mojada a pesar de que la lluvia había parado un poco, Pedro iba con la ventana de su lado abierta, el viejo hizo una mala maniobra y perdió el control del auto, la peor parte se la llevo Pedro porque de su lado fue el choque con el árbol. A mi fue al que llamaron primero, fui lo más rápido que pude y lo vi... Lo vi lleno de sangre, después en la camilla los médicos le ponian un montón de cosas -su voz se corto por completo y solo tuve el impulso de abrazarlo porque otra cosa no podía hacer. Y así estuvimos un rato largo hasta que nos separamos. —Gracias... Ahora en cinco minutos van a dejar entrar a algunos. Yo no quiero entrar, no quiero llorar más, me voy a poner peor. Mamá seguro entra y Nao igual, si queres vos podes...
—¿En serio podría?
—Si, mejor vamos -y como había dicho apenas estábamos ahí, Ana entró al cuarto. Después Nao que salió llorando, con tanto dolor que me estremeció el alma y a los segundos verla abrazada a Nacho, que pude ver como alguna que otra lagrima se le escapaba mientras le acariciaba el pelo.
—Dale Pau, entra. Tenes cinco minutos -mirar a Caro, asentir y caminar hasta la puerta que tenía el cartel de "43", un escalofrío recorrió mi cuerpo al tocar el picaporte y abrir la puerta para verlo.