sábado, 21 de febrero de 2015

Capítulo 45

Narra Pedro.


—Ana está durmiendo y... -pensé. —Horacio también. Así que hicimos demasiado cuando vamos a comer solos -apoye los codos sobre la barra y mire como terminaba de servir la comida en el segundo plato. Solo bufó.
—¿Jodeme? Nos matamos haciendo esto y nadie lo va comer -se dio vuelta para mirarme y me fue inevitable reír al ver como tenía una mancha de harina en la punta de su nariz. —No sé que vas hacer con esto vos porque es mucho, y tampoco da tirarlo  -seguía hablando como si nada y yo no me podía concentrar en lo que decía. —¿Que te pasa a vos que te reis? -y quizá por impulso no responda nada y me acerque más a ella para sacar esa harina de la punta de su nariz, que estaba fría. Que ella me quede mirando fijamente y me sienta raro, no incómodo pero la situación era otra, porque aún sabiendo que ella fue mi novia o la chica con quien salía, me sentía obligado o con cierta responsabilidad a tratar de minimamente conocerla. A decir verdad era la persona con la que más me llevaba, después que con Ana, claro. Era la primera vez que la miraba yo también a los ojos, eran verdosos y cuando sonrió, se volvieron algo achinados, al igual que una cicatriz que ahora se hizo más profunda. Su perfume me llenó los pulmones, y en ese momento me entendi de cuantas cosas nos damos cuenta con solamente mirar y estar en silencio.
—Tenías harina -y que ella no me responda, porque quedo en un tipo de trance. No despegaba sus ojos de los míos y yo solo después de unos segundos de también mirarla, baje la mirada. —¿Comemos?
—Dale -parpadeo un par de veces y me sonrió.


(...)


Me sentía un granito de arena en una playa gigante. Mis "amigos" organizaron un partido de futbol, en el que claro, todos me saludaban y me trataban como si fuera un bebé de tres meses. Gente de mi barrio amiga de mi familia, tias, primos, la situación era lo más incómodo del mundo y para no quedar como un antipático, la sonrisa forzada en mi boca era inevitable. A penas había podido pasar tiempo con mis hermanas y mamá (sonaba demasiado raro decirlo así) y menos con Paula, que la vi con un par de chicas sentaba bajo un árbol, en el campo de mi padre, lejos de la ciudad.
Por fin me habían dejado solo, aunque yo me aleje de todos. Así que me fui a un costado de la casa de campo, para recostarme sobre la pared de esta y sentir un olor, que se me había hecho conocido, mire hacia la derecha y me encontré con Naomi fumando, con quien había hablado poco y nada. Me había parecido alguien buena, como primera apariencia, con ella también me sentía obligado a conocerla. Era mi mejor amiga.

—¿Que haces acá sola? -me pare al lado de ella de golpe, que estaba mirando a la nada misma y sus ojos se abrieron al verme.
—Pedro... -me sonrió. —Necesitaba un pucho -le dio una pitada y de golpe, soplo un suave viento que hizo que su pelo vuele.
—¿Y qué onda eso?
—¿Que cosa?
—El pucho... -hice una pausa. —¿Yo fumaba? Me re veo -rei, ella solo levanto una ceja y cruzó los brazos sobre su pecho.
—Capaz no te tendría que decir pero si fumabas, igual o peor que yo -me sonrió para volver a fumar, terminado ya el cigarrillo. Yo la mire tratando de decirle con la mirada lo que quería hacer. —No, ni lo pienses.
—¡Dale! Uno solo -hice una pausa y voltee mi cuerpo para estar frente a frente.
—¿Me van a matar entendes? ¡No puedo! -se negaba pero la sonrisa en su cara no se borraba.
—Pero si yo fumaba, una vez más no me va hacer nada ¿O si? -hice una pausa. —Además no tienen porqué enterarse los otros -era un hecho de que si ella no me daba uno, iba comprar una caja por mi cuenta. Las ganas que me salieron a flor de piel de probar eso, aunque no sepa (o recuerde) lo que era su sabor en mis labios eran incontrolables. —Te juro que no digo nada.
—Te va quedar el olor -ella mordia su labio inferior, sabía que si le rogaba un poco más, cedería.
—Me perfumo, dale. Era, bueno... Soy tu mejor amigo, esto puede ser un secreto más -y que la sonrisa anterior se transforme en una más chiquita pero sincera, clavando sus ojos en mi. Sacó la cajita de su bolsillo, y de este dos cigarrillos, suspiró y me dio uno. Al segundo ella puso el suyo en sus labios para prenderlo y fumar, como si fuera la ultima vez en su vida.
—¿Queres fuego? -asenti y me dio el encendedor, no tarde demasiado en darle la primera pitada después de tanto tiempo. Sentí un algo por todo mi cuerpo, lo disfrute aunque sabía que estaba mal. Era la primera vez, después de despertarme, que sentía algo de adrenalina o que podía hacer algo por mi mismo. Guarde una de mis manos en el bolsillo de mi jeans, aunque antes me arremangue la camisa hasta los codos y me quedé mirando la nada, igual que ella.
—¿Y?
—Y esta buenísimo. Nadie me había dicho nada de que fumaba, aunque te cuento que cuando sentí el olor me re llamó la atención.
—Fumabamos hace mucho, capaz es costumbre este olor para tu cuerpo.
—Seguro es eso... -le di una cuarta o quinta pitada al cigarrillo. Disfrutaba de ese no sé qué. —Gracias igual.
—¿Por? -me miro de golpe mi perfil, ya que mi mirada de concentraba al frente.
—No se bien porqué pero siento que estoy siendo un poquito yo -ella quedó callada y su mirada bajó hacia el suelo por un par de segundos.
—¿Te jode si te pido un abrazo o te sentís muy acosado?
—Veni, con vos no me siento para nada incómodo -tiramos los cigarillos y que ella, al segundo, me abrace con fuerza, y necesidad. Apoyando su cabeza en mi hombro con la mayor ternura del mundo, por fuera demostraba ser una mujer demasiado fuerte, con un gran carácter pero ahora, en este abrazo la sentía tan indefensa por lo que la rodee con mis dos brazos, para que se sintiera querida, porque seguramente esto era mas dificil para ella que para mi.


como verán tengo mis debilidades

4 comentarios: